Muchas veces durante mi maternidad he deseado ser una diosa india. Y no precisamente por cuestiones espirituales, sino por aquello de tener cuatro brazos.
Porque cuando tienes un bebé siempre necesitas tener más cosas a mano de las que eres capaz de sujetar. Y si hay momentos especialmente críticos, son los cambios de pañal y las noches.
Como sigo teniendo solo dos brazos, encontré un gran aliado: los bolsillos de cuna.
El termómetro y la medicación para esa noche en la que está malito, un pañal y unas toallitas por si hay una fuga inesperada, el mando del aire acondicionado, el receptor de la cámara del bebé, una muselina… Cabe mucho más de lo que parece.
Y créeme, tener todo eso al alcance de la mano, sin tener que abrir cajones, encender luces o rebuscar en medio de la noche, puede marcar la diferencia entre un “por fin vuelve a dormirse” y un “bueno… pues empezamos otra vez con las nanas”.
Aunque se llamen bolsillos de cuna, puedes colocarlos donde más útiles te resulten: en la cuna, en la cama, junto al cambiador o en cualquier rincón donde necesites tener las cosas organizadas y accesibles.
Están confeccionados en muselina de algodón 100% y cuentan con cintas de algodón que permiten colocarlos fácilmente y adaptarlos a diferentes espacios.
Elige el color que mejor encaje con la habitación de tu bebé y descubre por qué son de esos accesorios discretos que terminan haciéndote la vida mucho más fácil.













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